A raíz de la noticia del colegio de Carabanchel al que no han dejado participar en la cabalgata de reyes magos, ha resurgido la polémica en torno a si los colegios de educación diferenciada discriminan a sus alumnos por razón de su sexo. Evidentemente, este colegio y otros 100 en España que optan por este modelo educativo, seleccionan a sus alumnos en función de su sexo, pero la cuestión está en si este criterio es injusto. Pues bien, esta es la pregunta que nunca se discute, y es la pregunta clave.

Soy profesor en un centro diferenciado, fui alumno de ese mismo centro, y siempre que sale esta polémica trato de buscar pruebas que evidencien que esta forma de educar sea mala para los alumnos que la viven. Mi experiencia, tanto de alumno como de profesor, está lejos de pensar que ocurra algo así. Entre mis estudiantes y las familias de mi centro veo gente contenta con lo que ha elegido. Ciertamente no es un modelo perfecto, pero tiene aspectos positivos.

Puedo entender el escepticismo de los ciudadanos y educadores que no han vivido este modelo educativo de cerca (o peor aún, que lo conocieron en la época franquista). Puedo entender que a priori parezca que lo mejor para formar buenos ciudadanos lo mejor sea educarles en colegios mixtos. Es una idea que intuitivamente tiene mucho sentido. Ahora bien, a lo largo de la historia de la democracia ¿se ha demostrado cierta? ¿Qué pruebas hay de ello? ¿No pudiera ser por el contrario que la fórmula diferenciada no se muestre tan incapaz de conseguir buenos ciudadanos? ¿Es realmente necesario empeñarse en prohibirla?

Cuando se dice que este modelo pedagógico es injustamente discriminatorio, hasta el punto de que no deben concertarse este tipo de centros y tampoco participar en cabalgatas de reyes, me pregunto si los partidarios de esta opinión no deberían ofrecer algún tipo de prueba.

En toda Europa y Norteamérica se acepta este modelo educativo como algo natural y respetable. La experiencia y muchas razones científicas así lo corroboran. Por eso, quizá en España también podamos dejar de verlo como algo sospechoso o intrínsecamente malo. Y es que, si realmente la educación diferenciada fuera mala para el desarrollo, querría decir que en nuestro país habría 100.000 familias que desean algo malo para sus hijos; cada año surgirían historias de multitud de alumnos y antiguos alumnos aquejados de un machismo o feminismo alarmantes; personas incapaces de relacionarse con normalidad con sus iguales del otro sexo; ciudadanos intolerantes y violentos; gran conflictividad laboral con las personas del otro sexo; y, por supuesto, profesores malvados deseosos de corromper las mentes de sus alumnos. Y a más largo plazo también tendríamos que ver con claridad familias mayoritariamente desestructuradas; violencia de género, etc.

Ahora bien, si no encontramos casos alarmantes que prueben que el modelo diferenciado malo, ¿no deberíamos dejar de considerarlo injusto? ¿No podríamos dejar de hostigar a las familias y centros educativos que optan por este modelo? ¿No podemos ser una sociedad abierta y madura que no se deja llevar por los prejuicios? Debemos aprender a convivir con los que piensan diferente (más aún cuando no hay pruebas de que sus opiniones sean nocivas para el conjunto de la sociedad).

La educación diferenciada es un modelo más a la hora de educar. No es el único, ni pretende serlo, pero es lo suficientemente bueno para que muchos lo escojan para sus hijos. Por eso, no es tanto pedir que se respete a los que escogen esta opción. ¿O realmente hay pruebas evidentes que desaconsejen este tipo de educación?

 

 

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